Displasia de codo en perros

La displasia de codo es un desarrollo defectuoso del codo. La articulación del codo consta de tres partes óseas diferentes: brazo, cúbito y radio. Se limita únicamente a la extensión y la flexión. La displasia de codo puede deberse a diferentes enfermedades independientes. La articulación del codo puede dañarse por trastornos de osificación de los componentes del cartílago.
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Causas de la displasia de codo

Aun sin haber una relación directa con la displasia de cadera, la displasia de codo se debe a causas similares. Al igual que la displasia de cadera, la displasia de codo es atribuible a una predisposición genética. Asimismo, la influencia de la alimentación y del ejercicio es de gran importancia, ya que la displasia de codo se desarrolla durante el crecimiento. Se suele asociar a perros jóvenes de razas grandes y de crecimiento rápido, como los pastores alemanes o los boyeros de Berna. La displasia de codo suele aparecer en perros jóvenes, al hallarse en la fase de mayor crecimiento longitudinal de los huesos. Por lo tanto, durante la fase de crecimiento, es esencial evitar sobrecargas, p. ej., paseos largos, subidas frecuentes de escaleras o saltos. Un aumento acelerado de peso, una alimentación para cachorros de excesivo contenido energético y la administración de suplementos minerales (especialmente de calcio y vitaminas) pueden favorecer la aparición de esta dolencia. La influencia genética solo es minimizable por medio de una cría saludable y evitando la sobrecarga a edades tempranas.

Diagnóstico de la displasia de codo

Los perros jóvenes suelen mostrar los primeros signos de displasia de la articulación del codo entre el cuarto y el séptimo mes de vida. El perro muestra sensibilidad marcada en el codo, se evidencian las limitaciones de movimiento, el dolor aproxima el codo al cuerpo y, por lo tanto, la pata se vuelve hacia afuera; el perro se suele mordisquear y lamer la articulación dolorosa. Si se sospecha de displasia de la articulación del codo, las radiografías ya suelen proporcionar información fiable. En determinados casos, una tomografía computarizada o una artroscopia (endoscopia articular) también pueden aportar información.

Un defecto en la zona de crecimiento puede causar el «síndrome del radio curvo» en el hueso del antebrazo.

Este antebrazo está formado por los huesos cúbito y radio. Tras una lesión del cúbito o del radio, los huesos siguen creciendo a ritmos diferentes. Las consecuencias pueden ser «rodillas valgas» visibles e inestabilidad de la articulación del codo. Si el cúbito y el radio ya no encajan correctamente en la articulación del húmero, puede producirse una afección de la articulación. 
Por lo tanto, la cojera, posiblemente asociada a una postura antiálgica, con las patas y el antebrazo vueltos hacia afuera, se deberá examinar en una fase temprana, por medio de un diagnóstico radiográfico, en la consulta del veterinario.

Manifestaciones de la displasia de codo

El término displasia de codo abarca tres formas diferentes de trastornos de la articulación del codo:

OCD (osteocondritis disecante)
La OCD es un trastorno del crecimiento del cartílago articular. Suele aparecer en una parte del cuerpo sometida a cargas mecánicas especialmente intensas. Por lo tanto, la OCD se puede producir en las articulaciones del hombro, la rodilla y el tobillo, además del codo. Durante el crecimiento, las células cartilaginosas de las superficies articulares y de las placas de crecimiento suelen transformarse en células óseas por medio de la calcificación. Si los huesos crecen demasiado rápido, se crea una capa de cartílago demasiado gruesa que no puede osificarse lo suficientemente aprisa, con la consiguiente necrosis del cartílago. Pueden aparecer grietas en el cartílago y, a veces, desprenderse de este escamas completas. En consecuencia, el líquido sinovial entra en contacto con el hueso situado debajo del cartílago, con la consiguiente inflamación de la articulación. La acumulación de líquido en la articulación distiende la cápsula, lo que provoca dolor, que a su vez puede producir cojera en el perro. Las escamas de cartílago sueltas suelen permanecer en su sitio, pero también pueden flotar libremente como partículas en la articulación.

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FPC (fragmentación de la apófisis coronoides)
FPC describe una incongruencia del codo y afecta la tuberosidad del extremo inferior de la semiluna del cúbito. Este solo se osifica a una edad de 4 a 5 meses. La diferencia de crecimiento longitudinal del cúbito y del radio puede provocar que se forme un escalón en la articulación del codo. Debido a la sobrecarga resultante, es posible que se rompa la tuberosidad. El líquido articular que penetra en la línea de fractura provoca inflamación y dolor, que se manifiesta como cojera y a menudo se convierte en artrosis.

IPA (no unión de la apófisis ancónea)
El proceso ancóneo es una apófisis triangular situada en la parte posterior del cúbito, que contribuye a estabilizar la articulación del codo. Esta apófisis está unida al resto del hueso por una placa de crecimiento. Esta placa debe haberse cerrado al alcanzar una edad de entre 4 y 6 meses. Debido al retraso en el crecimiento del cúbito, ya incapaz de unirse al radio a través de la apófisis articular (tuberosidad), puede haber problemas de cierre de la placa de crecimiento. A diferencia de la FPC, en este caso no crece adecuadamente el cúbito. La osificación aún no ha finalizado, aunque el radio ya se ha desarrollado por completo. La tuberosidad del extremo superior se rompe. El líquido articular que penetra en la fisura inhibe la curación y también la osificación de la articulación. Las consecuencias son inestabilidad dolorosa del codo y trastornos artrósicos.

Tratamiento de la displasia de codo

En todas las manifestaciones, los perros afectados presentan aversión a moverse y cojera. Debido a las reacciones relacionadas con la inflamación en la articulación, el dolor del animal aumenta al moverse. La artrosis posterior suele ser inevitable y el daño articular, irreparable. Sin embargo, los perros afectados deben seguir haciendo ejercicio de forma controlada. Los paseos con correa, los ejercicios de natación, la acuaterapia y la fisioterapia tienen por objeto garantizar un desarrollo muscular moderado pero absolutamente necesario. Estas terapias y el desarrollo muscular alivian los síntomas y pueden reducir las secuelas, pero suele ser inevitable una intervención quirúrgica. Es especialmente prometedora la fisioterapia concomitante para aliviar el dolor, relajar los músculos de las estructuras sobrecargadas y fortalecer moderadamente los músculos después de la intervención. 

El dueño del perro puede adoptar algunas medidas adicionales, para que el perro disfrute más del movimiento y tenga mayor calidad de vida. Para favorecer el sistema musculoesquelético y los procesos articulares, así como para reducir las inflamaciones, se pueden administrar a cualquier edad piensos suplementarios especiales con ingredientes de actividad articular en dosis elevadas, como ácidos grasos omega-3, vitamina E, mejillón de labios verdes, condroitina, garra del diablo y colágeno II.