Artrosis en el perro

Las causas de las enfermedades articulares pueden ser de distinta naturaleza. De ahí que los dueños de perros deban adaptarse siempre a las necesidades físicas de su mascota. El ejercicio es necesario para fortalecer los músculos, ligamentos y tendones. Sin embargo, es importante que el perro se ejercite según corresponda a su edad y forma física, sin sobrecargar permanentemente las articulaciones.
Kleiner brauner Hund läuft über Wiese

A muchos amigos de cuatro patas les encanta el ejercicio físico. Sin embargo, es responsabilidad de sus dueños reconocer personalmente qué grado y tipo de ejercicio mantendrá a nuestros perros felices y sanos. Además del ejercicio, también son factores esenciales la dieta adecuada y el equilibrio de nutrientes.

A menudo se oye hablar de trastornos del desarrollo esquelético y de patologías articulares, especialmente en las razas de perros grandes, pero las razas más pequeñas tampoco se libran.

Estas enfermedades pueden ser hereditarias, pero a menudo se ven favorecidas por errores en la alimentación y cargas incorrectas. Pueden producirse cambios en el cartílago articular, lo que favorece la aparición de artrosis o artritis.

Como capa protectora, el tejido cartilaginoso recubre la superficie de la articulación y es esencial para unas secuencias de movimiento óptimas e indoloras. Para absorber adecuadamente los golpes y otras cargas durante las secuencias de movimientos, la capa de cartílago debe ser lo suficientemente gruesa. Además, el cartílago debe almacenar suficiente agua para mantener el tejido elástico y resistente. Asimismo, es necesario que las células de la cápsula articular produzcan suficiente líquido sinovial para unas secuencias de movimientos saludables y fluidas.

La artrosis es una enfermedad articular crónica en la que se degrada el cartílago articular. La artritis, en cambio, es una inflamación de las articulaciones que suele producirse por episodios. Sin embargo, la artrosis también puede provocar una inflamación episódica en la articulación.

Síntomas

Especialmente en el caso de los perros mayores, se observa a menudo el siguiente comportamiento: Tras largo tiempo tumbado, el perro solo logra levantarse de su lecho con dificultad y agarrotado. Le cuesta incorporarse y suele tener dificultades para iniciar los movimientos tras las fases de reposo. A menudo, parecen producirse ligeras mejoras cuando el perro empieza a moverse lentamente y «calienta». Sin embargo, según la articulación afectada, la cojera también puede ser notable y ciertos movimientos parecen causarle dolor. Por lo general, al perro no le gusta subir escaleras, saltar al interior del coche, tumbarse bruscamente, etc. y prefiere los lugares cálidos para dormir. Además de estos signos, las articulaciones afectadas pueden estar excesivamente calientes y abultadas debido a la inflamación. En caso de estos indicios, cabe sospechar de que el animal padece artrosis como enfermedad articular degenerativa crónica.

Ahora bien, estos síntomas no solo afectan a perros mayores, por lo que no pueden atribuirse únicamente la edad. Por ejemplo, también pueden propiciarlos malformaciones articulares en perros jóvenes.

La artrosis afecta con mayor frecuencia el codo, el hombro, la cadera y la rodilla. Sin embargo, también puede aparecer en la columna vertebral y en las articulaciones de los miembros inferiores.

Diagnóstico de la artrosis

La artrosis suele desarrollarse lentamente. Los cambios iniciales se suelen producir sin síntomas visibles. A la cojera se une posteriormente la reducción de la movilidad articular y el aumento del dolor en la articulación afectada. En consecuencia, el perro inevitablemente se mueve menos. La falta de movimiento, a su vez, provoca una disminución de la musculatura y contracturas, lo que ocasiona más dolor: se crea un círculo vicioso.

Si se detecta una cojera persistente o recurrente, si determinadas articulaciones parecen hinchadas en comparación con las demás, si las nota inusualmente calientes o si causan un dolor visible al animal, es necesario acudir al veterinario.

Si se sospecha de artrosis, se utilizan otros procedimientos para el diagnóstico, además de un examen exhaustivo. El examen radiológico desempeña un papel importante en este contexto. La gravedad de la enfermedad también es parcialmente evaluable mediante una ecografía, que determinará el estado del cartílago y de los ligamentos de la articulación. En la artrosis avanzada, las alteraciones en el cartílago, los huesos y los ligamentos se hacen evidentes y la cápsula articular se endurece.

Si la articulación está hinchada, también puede realizarse una punción. En ese caso, se extrae líquido articular de la articulación con una aguja hueca bajo, estrictas medidas de higiene. Este se examina, p. ej., para detectar células inflamatorias.

Otra opción de examen es una artroscopia de la articulación. Se trata de un método mínimamente invasivo de diagnóstico directo en la articulación enferma. En función de los resultados, el tratamiento también se puede llevar a cabo inmediatamente durante la misma intervención. Al ser una intervención mínimamente invasiva, la artroscopia solo produce lesiones menores en la piel y los tejidos blandos, lo que reduce considerablemente los problemas de cicatrización de las heridas y el riesgo de infección. La ventaja frente a otras opciones de examen diagnóstico es la evaluación directa del cartílago articular y del recubrimiento de la articulación. La representación ampliada de las estructuras articulares muestra incluso las lesiones más sutiles, lo que permite un diagnóstico y un tratamiento tempranos.

Tratamiento de la artrosis

El tratamiento tiene como objetivos principales aliviar el dolor, restablecer la movilidad y favorecer las funciones articulares, como la nutrición del cartílago y la producción de líquido sinovial.

Mediante métodos terapéuticos conservadores, se intenta tratar la enfermedad sin intervención quirúrgica.

Se debe reducir el posible sobrepeso, ya que este sobrecarga las articulaciones. Los movimientos y masajes periódicos suaves favorecen la circulación sanguínea, fortalecen los músculos de sostén y alivian las contracturas. El movimiento favorece la producción de líquido sinovial. El lecho, de materiales blandos, debe ser cálido y lo más cómodo posible. En caso necesario, también pueden ser beneficiosos los analgésicos.

En particular, los alimentos complementarios con dosis elevadas de ingredientes como los ácidos grasos omega-3, la vitamina E, el mejillón de labios verdes, la condroitina, la garra del diablo y el colágeno II, se pueden administrar de forma adyuvante en caso de enfermedad, pero también como medida preventiva.

Si la artrosis está muy avanzada y los métodos no quirúrgicos no tienen la eficacia terapéutica deseada, existen varias opciones quirúrgicas. La fusión articular suele eliminar el dolor, pero restringe la movilidad del perro. A veces se puede extirpar parcialmente un hueso y conservar la libertad de movimiento, ya que la articulación se apoya en los músculos circundantes. También existen articulaciones artificiales para perros, p. ej., para la cadera, el codo y la rodilla.

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Sin embargo, la cirugía debe ser siempre el último recurso de una terapia de artrosis, cuando se ha agotado el resto de opciones de tratamiento.